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Cuadernos de viajes de otros
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Lisboa
Quería dedicar tiempo a describir esos maravillosos seis días en Lisboa, con tantos descubrimientos y sensaciones, siguiendo los pasos de Pessoa... el café Brasil, la plaza do Rossio... pero se estropeó mi lector de CDs y me he quedado sin acceso a la mayoría de las fotos tan bonitas que hicimos, solo pude utilizar algunas que había subido a la red.
Sólo agradecer a Mariví su compañía como compañera de viaje, que soportó mis cambios de humor, mis protestas por el calor. Que me esperaba cuando yo ya estaba muy cansada y otras veces me seguía paciente en mis arranques de curiosidad inagotable! Cuidó de mí algún día que no me encontré bien, y se encargó de todo lo práctico, mientras yo me dediqué a buscar en las guías y a trazar planes... sin que pusiera nunca objecciones.
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Un dia fuimos de excursión a Sintra.
Sintra está a 30 km. de Lisboa. Pasamos allí el día, después de visitar el Paço da Pena, comer en su lujoso restaurante, (con su airecito acondicionado, mientras afuera los pájaros caían fritos de los árboles)...

En el restaurante do Paço de Sintra
Ya caída la tarde, fuimos a ver el pueblo, y el museo del juguete. A Mariví le gustó todo el museo, las muñecas antiguas, las casas de muñecas, etc. A mí lo que me impresionó fueron las reproducciones de ejércitos con soldados de plomo, especialmente un desfile de soldados nazis, presidido por el mismísimo Hitler!!
Pero donde estuvimos más tiempo fué en el Palacio: en una de las cumbres más altas de la Sierra de Sintra, existía un monasterio de principios del XVI. En el siglo XIX el príncipe consorte Don Fernando II compró las ruinas de este monasterio y encargó a un arquitecto alemán la reconstrucción y ampliación para convertirlo en residencia de verano de la familia real portuguesa.
Paço da Pena (la fecha está mal, ya que era agosto)

Las obras duraron 47 años y se hicieron siguiendo el gusto romántico alemán, propio de la época. Es una mezcla de elementos arquitectónicos de muy diversas procedencias: árabe, ruso, gótico, renacentista, manuelino, militar…
Para subir hasta la entrada del Palacio nos montamos en un trenecito que subía una empinada cuesta. Y menos mal, porque ya había una buena cuesta previa a esa!
Aquí donde está Mariví, que casi se la lleva el viento, es la cara norte del Palacio, y por ese lado soplaba un aire frío, mientras por la parte sur calentaba el sol con fuerza.

Desde lo alto la vista es impresionante

El interior se fue adornando a lo largo de los años con objetos muy diferentes, como lámparas de cristal de Bohemia y muebles muy trabajados de estilo romántico,indiano y rococó.
Cuando murió Don Fernando la propiedad la heredó una cantante de ópera que se había casado con Don Fernando al enviudar éste de la Reina Doña Maria II. Cuatro años después, la vendió al Estado y en 1910, con el inicio de la Repúbica, se transformó en Museo Histórico y se abrió al público.
En el interior do paço. La foto está borrosa porque la hizo Mariví con su teléfono móvil (no dejaban pasar cámaras al interior)

Alrededor del palacio hay un parque lleno de fuentes, caminitos, lagos, helechos enormes y árboles exóticos.
Mariví ya no tenía ganas de pasear por el enorme parque, y mientras ella hablaba por teléfono, yo me fuí a dar una vuelta. Me arrepentí un poco, porque luego no la encontraba y yo ya estaba cansadísima!!

Después de merendar y descansar, retornamos a Lisboa y llegamos bien entrada la noche. Paseamos un rato por el paseo del río, que estaba precioso con todas las luces del puente 25 de abril y las de la ciudad reflejándose en el agua...

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2º dia: Excursión a Estoril y Cascais
El segundo día en Lisboa, por la mañana disfrutamos de un buen desayuno, y para huir del calor, descansamos disfrutando de la piscina del hotel.

Y por la tarde hicimos una excursión a Estoril y Cascais.
Para disfrutar del paisaje tomamos la carretera de la costa, y fué la única vez que encontramos bastante tráfico y atascos. Sorprende que esta costa no esté llena de apartamentos turísticos, muchos solares vacíos enfrente mismo de la playa... En españa habría una febril actividad constructora.
Llegando a Estoril ya comienza a haber algunos hoteles y apartamentos turísticos. Cascais y Estoril están muy próximas, menos de 2 km.
En Estoril solo está el casino, en el que no teníamos ningún interés, por lo que pasamos, practicamente, de largo, hacia Cascais
Desde la carretera con esa luz, Estoril se veía realmente bonito, pero no habia sitio para parar y contemplar la vista despacio...
Dejamos atrás Estoríl, y entramos en Cascais...

Cascais fue creciendo en torno a la Fortaleza, alrededor las casas de los pescadores, la lonja...
El puerto, cayendo la noche, se llenó de actividad, botecitos saliendo y marineros trabajando, nos sentíamos un poco intrusas allí de turistas, haciendonos fotos.

Detrás de Mariví la playa da Ribeira.


Las callecitas y plazas estan muy cuidadas, y llenas de vida con muchos restaurantes que ponen sus terracitas en la calle, y hay mucha animación y vida, supongo que cuando llega el invierno, todo eso estará bastante más solitario.
Las callecitas y plazas estan muy cuidadas, y llenas de vida con muchos restaurantes que ponen sus terracitas en la calle, y hay mucha animación y vida, supongo que cuando llega el invierno, todo eso estará bastante más solitario.
Comimos en una de ellas. Una cena con música: había muchos músicos ambulantes, y varios llevaban un perrito con un cubo para las monedas. Supongo que mucha gente del pueblo intenta sacar un poquito de dinero aprovechando el verano.
Aquí comiendo bacalhau grelado

Y aquí espetada de lulas y camaroes

Bonitas las calles peatonales, con sus tiendas.

No hicimos visitas a monumentos o museos: Paço dos Condes de Guarda, Iglesia de Nossa Senhora da Assunçao, Iglesia de Nossa Senhora dos Navegantes, a Ciudadela etc.
A la vuelta, quisimos volver por la autopista, que debería llamarse "la inaccesible", tuvimos que dar vueltas de desvío en desvío, hasta llegar a Lisboa.
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La excusa perfecta para subirnos por fín a un tranvía fué ahorrarnos la cuesta que lleva al miradoiro de Santa Luzía para comenzar la visita al más pintoresco barrio de Lisboa: Alfama.
Durante algún tiempo tuve a la vista, diariamente, una lámina de este mirador. Cada día la veía sin mirarla. A veces dejaba vagar la vista sobre los tejados y mi imaginación se apoyaba en la baranda. (No sabía de qué lugar se trataba, aunque sí que era en Lisboa). Cuando llegué al mirador reconocí el lugar: fué como si acudiese a una cita, que sólo en aquél instante supe que tenía...
Mi postal, con Mariví, y una grúa añadida


Tejados de Alfama, con la cúpula de Santa Engracia
Descendimos al barrio de la Alfama y en pocos metros fué como entrar en otro lugar: una pequeña ciudad parada desde hace décadas, pero sinembargo con mucha vida.
Nos adentramos en el barrio por la rua Adia, tortuosa y con escaleras, tiene un emparrado con uvas, --de las que comimos-- y una fuentecilla de piedra.

Mariví bajo la parra de dulces uvas, y junto a la fuente - lo mío con las fuentes fue amor a primera vista-
Alfama es muy peculiar, sucio, viejo, y sin embargo con tanto encanto... los vecinos descansando y charlando en las placitas; paseando al perro; colocando los puestecitos en la calle; tocando un instrumento triste en un banco; hablando en las puertas de las casas ó desde la ventana; haciendo la compra... todo esto conviviendo de una manera natural con el turista despistado o los ruidosos grupos con su guía que, repentinamente, doblaban una esquina e invadían tiendas y calles...
Tienda de alimentación.

Pescadería (las sardinhas greladas es un plato frecuente). Hace algunos años las "varinas" o vendedoras de sardinas iban ofreciendo el producto por estas calles...

En esta tasquita tomamos un "refrigerante" -que esto me recuerda el líquido ese que se le pone a los coches- una cervecita fresca y un bollo de pan de ésos que tienen chorizo por dentro...

La tasca me gustó por cutrecilla, ésta no era para los turistas, y varias parroquianas la visitaron mientras estuvimos allí...
Los turistas debemos ser para estas personas algo molesto y cotidiano que hay que soportar como las moscas, que pesadas y atontadas con el calor, forman parte del entorno.
A las 2 de la tarde, con el sol en lo más alto, estábamos sentadas bajo una sombrilla enuna terracita de un pequeño restaurante que ofrecen comidas típicas portuguesas para los turistas. Allí el camarero repartía cartas y sonrisas, frases simpáticas en todos los idiomas para las mujeres sudorosas y hambrientas (somos mayoría de mujeres las que visitamos Lisboa, por lo que he visto). En su afán de agradar estuvo un rato espantando las moscas que se nos venían a posar en los platos él mismo, y luego tuvo la brillante idea de ir a buscar un matamoscas en aerosol para rociar las mesas... ¡yo, particularmente, prefiero compartir mi comida con las moscas que envenenarme con RAID¡ Le perdonamos por lo que nos hizo reir y por un postre que nos recomendó, uno de la región del Alentejo llamado "siricaia", o así sonaba.





Esta es una casa en lo que fuera el barrio judío, del siglo XVI.
La calle donde está esta casa termina en una placita con un arco, y algunos azulejos, donde está a "fonte do poeta". Al lado de la fuente hay una placa, donde está escrito un poema de António Boto :
FONTE DO POETA "Nesta fonte que fala na surdina de qualquer coisa que eu não sei ouvir matei agora mesmo a minha sede e sentei-me ao pé dela a descansar.
Não havia no ar mais do que a luz finissima da tarde num adeus... Uma luz moribunda e solitaria a despedir-se frágil pelos céus.
E à medida que a luz se diluia nas sombras que nasciam lentamente a fonte no silencio mais se ouvia. Mais limpida, mais pura e mais presente...
Anoiteceu. Ninguém, só a voz dela só essa voz... Ao longe num desmaio o timbre vivo e pálido de um grito. Levantei-me. Deixei-a. Tristemente acendeu-se uma estrela no infinito." ANTONIO BOTO


En esta foto de abajo hay una puerta en mitad de la pared. Me dijeron que se accedía a ella a través de una escalera de quita y pon. Cuando el marido no estaba en casa, la escalera se quitaba. una manera de preservar la virtud de las mujeres, supongo. Tampoco sé si esta explicación es cierta. Pero no me extrañaría.

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Toda Alfama está siendo restaurada, respetando tejados y fachadas. Su fisonomía exterior no cambiará, pero sí su interior que pasará a ser cómodo y moderno. Esperemos que no cambie el sabor auténticamente popular de este barrio lisboeta que me encantó por ser tan particular, único.

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El Hotel
Si vas a un hotel de 5 estrellas... ¡lleva mucho dinero! Yo jamás había pisado un hotel de lujo, y llevaba la boca abierta como una paleta mientras caminaba por el hall... tuve que reprimir el gesto para no impedirle al botones que se llevara mi mochila.
En la habitación todos los detalles: que si plancha, secador de pelo, caja fuerte (¿? qué podría guardar yo?), cosas para preparar café y té, una nevera llena: champán, refrescos, zumos, pistachitos, chocolatinas... la tele con mil canales, conexión a internet, la decoración, las vistas... allí está la carta de precios del servicio de habitaciones (humm... no, me parece que no pediré nada).
En recepción siempre 5 ó 6 personas para atender tus preguntas, te sugieren que visites la piscina, la sauna, el gimnasio, el salón de masajes, la peluquería... Te avisan que el bufet será entre las 6 y las 10... (18 euros me parece mucho para desayunar!). (El garaje muy bien, claro que por 16 euros le podían dar un masaje al coche)
Comedor del desayuno
Para el desayuno espectacular solo bajó Marivi una vez. Que no se diga: zumos, frutas, quesos, panes y tostadas, bollos, pasteles, salchichas, huevos duros, pasados por agua, revueltos, bacon, embutidos, cereales y ¡un oloroso café!
Para el desayuno espectacular solo bajó Marivi una vez. Que no se diga: zumos, frutas, quesos, panes y tostadas, bollos, pasteles, salchichas, huevos duros, pasados por agua, revueltos, bacon, embutidos, cereales y ¡un oloroso café!
Pero la mayoría de los dias desayunamos en el centro... y gracias a eso descubrimos cafeterías muy populares donde también tienen unos desayunos completísimos con hermosas frutas tropicales, panes, bollos, buñuelitos, croquetas y cosas de ésas... y en nuestro ambiente, osea metiendo el codo para acceder a la barra, o tratando de enviar mensajes telepáticos al camarero, entre el bullicio de currantes y mañaneros. Pero esa es la vida de la ciudad!
Desayunando

Para aprovechar la nevera y no consumir sus productos (4 euros una lata de cocacola) hicimos nuestra propia compra de golosinas y refrescos. Es entretenido ir al supermercado en otro país: las marcas de las multinacionales son como viejos conocidos que surgen de repente entre los nombres extraños de galletas y refrescos. Lo que es estupendo es usar los euros y no tener que andar echando las cuentas con el cambio de moneda.
Una buena cosa del Hotel fué la piscina, y gratis! con el calor que hacía era un verdadero gustito. Allí estuvimos sintiéndonos "de vacaciones", en la tumbona mirando al cielo azul, con el cuerpo mojado y fresquito.
O las vistas... Las vistas también eran gratis. Nuestra habitación en el piso 12, y se veía hasta el Tajo, el puente 25 de abril...

Esta vista es desde el "restaurante-mirador" en el piso 25, donde sirven la cena en el hotel.
Fuimos a cenar el último día allí. Quisimos que fuera como el colofón de la visita a Lisboa con la ciudad extendiéndose ante nuestros ojos: la cena especial, el vino y un brindis por este viajecito inolvidable.
El resto de los dias cenamos por Lisboa, en el centro.
En resumen que estos hoteles están muy bien para que te lo pongan todo por delante, no tienes más que sentir una pequeña necesidad y ellos pueden satisfacerla... Estaría a favor si TODOS pudieran permitirselo unos dias al año. Pero es tan escandalosamente caro, que resulta casi indecente.
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Moverse en Lisboa
Una de las cosas que más me gusta de Lisboa son sus tranvías. Parecen un poco anacrónicos, pero ahí radica su encanto. Además tienen que deslizarse sobre sus raíles, con lo que es obligado un carril "solo bus"... por ese carril circulan también los autobuses y los taxis.
Esto contribuye a que el tráfico sea fluido y ligero, y que apenas haya atascos. Seguramente aplican aquello de "o te quitas o te aparto" El transporte público está muy bien, tienen además el metro e incluso funiculares.
Vi algunos autobuses que funcionaban con energía limpia...

Este es el funicular de Lavra
Y... además el que avisa no es traidor!

Mariví en el funicular

El tranvía

Los taxis merecen un capítulo aparte.
No sé si clasificarlos, son bastante temerarios. Circulan por su carril de transporte público y se toman muy a pecho lo de llevarte rápido: tocan el cláxon, gesticulan y mascullan. La carrera se parece un poco a una montaña rusa debido a la velocidad y a las abundantes cuestas.
Como anécdota tengo que contar que el último día cuando iba a la estación a tomar el tren, me equivoqué de estación. Al llegar le digo "esto no es". Me pregunta que a qué hora sale mi "convoy" y parece que media hora no era mucho, porque hizo maniobras antireglamentarias, se metió marcha atrás por dirección prohibida¡¡¡¡¡ y aun tuvo tiempo para informarme que la estaçao de oriente había sido un proyecto de un arquitecto español.
La verdad es que la estación merece la pena: en un primer vistazo semeja una ciudad futurista de una película de ciencia ficción de los años 70...

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La vida de turista.
La vida de turista es muy cansada. Lo quieres ver todo, y eso es a costa de caminar y caminar, y descansar poco.
Para eso se necesita un plano, una cámara de fotos, un calzado apropiado, y un bolso o mochila donde llevarlo, junto con un pequeño refrigerio, ¡nunca se sabe si se podrá encontrar un sitio para comer! Un sitio: me refiero a ese local lleno hasta los topes, donde todos los demás también son turistas y se oye hablar un ruidoso castellano y algo de inglés o francés... Los españoles nos distinguimos (aunque estemos callados) porque invadimos las barras de los locales sin respetar los turnos y nos saltamos las colas.
A nosotras lo que mas nos gusta es probar las delicias locales y las comidas típicas.

En la antigua confeitaria de Belém venden "como rosquillas" los pasteis de nata (que son de crema) Esta pastelería es de las más antiguas y ha ido añadiendo salones y más salones hasta ser un completo laberinto.
Y la comida siempre es el primer contacto con la vida local!
El segundo paso para cualquier turista del mes de agosto es hacerse una foto en cada sitio que mencionan las guías!
Puente 25 de Julio

Estación del RoÇio

En la plaza del Rocio

Baixa. Plaza da Figueira

Torre de Belem

Elevador de Santa Justa

Plaza do Comercio

El monumento a los descubridores

Estábamos deseando recorrer los barrios típicos: Alfama, Bairro Alto, Chiado, A Baixa... encontrar chafarices y azulejos y buscar los tipos populares característicos que habíamos oído que forman parte del paisaje lisboeta: limpiabotas, vendedores de lotería, varinas, aguadores... aunque ya supiéramos que solo existen en el recuerdo...
Una noche fuimos a cenar a una pequeña taberna en el Bairro Alto, para escuchar fados en directo.

Primero cantó un chico, y con los postres comenzó a cantar la dueña de la taberna, que nos gustó más, porque le ponía mucho sentimiento.

Y después nos pasamos por el famoso café A Brasileira, donde paraba Pessoa

y nos fotografiamos junto a una escultura que está en la terraza entre los clientes.

También visitamos los jardines a Estufa Quente y a Estufa Fría.

En la Estufa fría

Descansando un rato en un banquito
Con los nenúfares

Entre los helechos

No hemos visitado museos...el único al que fuimos fue el de antiguos carruajes. Impresionaba un poco ver los terciopelos raídos por el tiempo donde los reales culos se habían sentado siglos atrás!

Preferimos callejear... aún así no nos dió tiempo a visitar el mercadillo de Ladra... pero Mariví compró a los artistas de la calle algun cuadro,

y en una tienda muy antigua compramos café!!!! Aunque las compras grandes las hizo en un centro comercial.

Gafas ofrecidas por un vendedor ambulante.
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Acordar da cidade de Lisboa, mais tarde do que as outras, Acordar da Rua do Ouro, Acordar do Rocio, às portas dos cafés, Acordar E no meio de tudo a gare, que nunca dorme, Como um coração que tem que pulsar através da vigília e do sono.
Pessoa
(Despertar de la ciudad de Lisboa, más tarde de lo que las otras, Despertar de la Rua do Ouro, Despertar del Rocio, a las puertas de los cafés, Despertar Y en el medio de todo la estación, que nunca duerme, Como un corazón que tiene que pulsar a través de la vigilia y del sueño. )
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